Ediciones el viaje tiene el gusto depresentar
Pasto verde de Parménides García Saldaña,
el miércoles 8 de octubre a las 7 pm en el auditorio Adalberto Navarro Sánchez del
CUCSH (Guanajuato 1045)
Pastoverde,
Parménides García Saldaña.
Ediciones el viaje 2008,
186 páginas,
ISBN 978-970-94999-6-4.
Precio $ 100.00
Se cumplencuarenta años desde la primera publicación de Pasto Verde, una excusaperfecta —cualquiera hubiese sido buena— para reeditar la ópera prima deParménides García Saldaña (Orizaba, 1944-Distrito Federal, 1982). Novela deinfluencias beatniks no disimuladas, la narración sorprende por su ritmofrenético, como si su autor intuyese que fuese a morir rápido, o tuviese prisapor hacerlo. Con una trama zurcida con párrafos inconexos y deslavazados,solapados entre sí, donde su protagonista abandona la idea del amor —entendidocomo posibilidad de estabilidad emocional— y se lanza a la búsqueda desatada denuevas sensaciones a través de la noche, la música, los cuates y las drogas. Unperíodo de rebeldía que Parménides decidió alargar más allá de su juventud.Mientras, sus compañeros de reventones adolescentes se dejaban seducir por loscantos de sirena del status quo, renegando de una insumisión que eltiempo acabó demostrando como simple postura de niñatos lumpenburgueses.
Sin embargo, Parménides llevó su estilode vida hasta sus últimas consecuencias, que se vieron plasmadas con una muerteaccidentada a los 38 años, víctima de una pulmonía de suicida involuntario.Después de todo, murió como se sintió en los últimos años de su desordenadaexistencia. Su fallecimiento convierte Pasto Verde en una especie de autobiografíaprematura, donde el lector puede advertir el trágico destino al que se abocaEpicuro, irredento protagonista de la novela y descarado trasunto del propioGarcía Saldaña. El autor emplea la literatura como instrumento catártico con elque se desenmascara frente a sus dioses —representados por las mujeres y lafamilia— para idolatrar otros nuevos como el rock y sus secuaces.
Ladescuidada construcción psicológica de sus personajes y las incoherenteselipsis espacio-temporales hacen que, más que una historia, Pasto verdeevoque una atmósfera desquiciada y humeante. Una dispersión que Parménidesvertió en su propia bibliografía: autor de una única novela (ésta), un únicoensayo (En la ruta de la onda), un único libro de relatos (El rey criollo) y unúnico poemario (Mediodía); para completar su efímero carácter polifacético,García Saldaña escribió, junto a Juan Tovar y Ricardo Vinos, un único guióncinematográfico, Pueblo fantasma. Además de En el callejón del Blues (En algúnlugar del Rock), publicada póstumamente. Amante de la música negra, que lellevó a estudiar en Lousiana y posteriormente trasladarse a New Orleans, el escurridizoautor desparramó sus críticas musicales en revistas especializadas, como Pop o La Piedra Rodante, quepor un tiempo le dieron algún sustento pecuniario. Parménides asumió sucondición de escritor fugaz, que no quiso perpetuarse ni dejar huella, negándosea repetir fórmulas narrativas que le hubiesen reportado beneficios económicos(un mercantilismo literario que tanta fama intrascendente reporta a otrosescritores). Como no podía ser de otra forma, acabó identificándose con unmovimiento literario del que, a la sazón, acabaría siendo considerado únicomiembro: la Literaturade la Onda,término acuñado por Margo Glaintz para etiquetar a una generación de jóvenesescritores que supuestamente compartían el uso de un mismo lenguaje coloquial yel recurrente “sexo, drogas y rock-and-roll” de sus temáticas adolescentes. Pastoverde representa el paradigma de este tipo de literatura a la vez que suanticlímax por su forma mordaz e hiriente de desnudar el falso glamourjipi-fresa de estos ambientes: niñas que de tan tontas parecen guapas (o a lainversa) y patéticos rebecos forzando actitudes rudas para disimulardebilidades y complejos. El mayor interés de la novela reside en la innovaciónestilística que supuso su narrativa: valemadrismo ortográfico, gramática que recoge las formas orales del calóarrabalero, abuso de onomatopeyas, invención de neologismos, construccióndefrasessinseparacióndepalabras, híbrido lingüístico precursor delspanglish. Mientras Parménides manifestaba sin pudor que la Onda era él, el resto deescritores catalogados en este movimiento acabaron renegando de la etiqueta queles hizo abrirse un hueco en la jungla literaria.
Reconozco miadmiración por aquellos creadores que decidieron asumir un camino honesto en sutransitar mundano; una coherencia consigo mismos que les llevó a ser expulsadosde los círculos considerados exitosos y el considerado patíbulo de losaplausos. Los ejemplos son variopintos: Arthur Cravan en la literatura, MágicoGonzález en el fútbol (que el salvadoreño elevó a categoría artística) o IvanZulueta en el cine. Artistas que decidieron abandonar cualquier posibilidad dereconocimiento social para adentrarse en las cloacas del alma, donde ahondar ensu propia miseria y locura. Al fin y al cabo, toda vida es un proceso dederrumbe, aunque son muy pocos los que lo asumen abiertamente. Con PastoVerde, su autor sabe que va a ninguna parte, pero igual tiene que ir paracomprobarlo. El resultado es inquietante: una novela en espiral, una especie depalíndromo narrativo que puede ser leído de forma invertida. Elautor-protagonista encerrado en un círculo sin salida. La vida como cárcel sinrejas. Locura lo llamaba Cioran.
A día de hoy, reeditar Pasto Verdesupone recuperar una novela que merecería éste y otros muchos reconocimientos.Convertida en obra de culto —eufemismo de ninguneo—, es una novela para meditarde manera introspectiva en qué desembocaron nuestras respectivas rebeldíasjuveniles: la larga noche en la que todos fuimos punketos, comunistas,troskistas, Chés de pacotilla, ecologistas, antimilitaristas… cuando enrealidad lo único que queríamos era cogernos a Marylin, la más cachonda de lasactivistas sociales de nuestro pueblo. Se conmemoran también cuarenta años delmovimiento del 68, histeria revolucionaria que el tiempo demostró efímera, unsimple trasvase de poder: los incendiarios de ayer son hoy nuestros bomberos.
Toda rebeldía moderada, con sus cambios generacionales de carácter cíclico, quedaenclaustrada en pasillos escolares donde fogosos efebos alivianan sus hormonasinventándose revoluciones de las que renegarán al alcanzar la edad marchita(perdón, quise decir madura). Una incongruencia existencial que García Saldañarechazó de plano, aun a costa de pagar su inquebrantable modus vivendi con supropia vida. Pasto Verde representa su alocada declaración deintenciones, de las que ni quiso ni pudo renegar a tiempo. Si estuviese vivo,me lo imagino despotricando contra sus ídolos caídos, saboteando presentacionesde los libros de aquellos ex amigos que fueron abducidos por el establishmentcultural. Sin embargo, el escritor prefirió quemarse en su propia hoguera,antes que apagar el fuego apasionado que, años atrás, le llevó a prender suprimera y última novela. Disfruten pues del estado psicotrópico que alcanzóParménides para dejarnos su particular legado en el enrevesado universo de laliteratura mexicana.
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