viernes, 3 de octubre de 2008

MUJERES EN LA MIRA

MUJERES EN LA MIRA
Tres tiradores
Por Patricia Bazaldúa

La mujer, esa otra mitad del mundo a la que identificamos por ocuparse de modas, de asuntos de pareja o del reloj biológico, es vista tradicionalmente desde fuera y son pocas las oportunidades y sobre todo, la disponibilidad, de internarse en el complejo prisma que representa el factor femenino.

El arte es una de ellas, sin embargo, siendo la gama de posibilidades tan amplia como la imaginación y creatividad de artistas, escritores y directores, son en realidad pocos quienes se dan a la tarea de exhibir de manera apasionada pero a la vez alejados de fanatismos extremos, a las mujeres y sus caras.

Degas dedicó la mayor parte de su obra a las mujeres, abarcando desde aquellas ebrias tristísimas sentadas en las esquinas de los bares, hasta hermosas bailarinas de ballet. Plasmadas las imágenes en cuadros apastelados o en fuertes y a la vez frágiles esculturas de bronce, Degas exhibe en su obra, las debilidades femeninas, así como el contraste doloroso de la “tradicional belleza”. El cuerpo que en un principio muestra en sutiles movimientos dancisticos, es luego colocado en una escena solitaria, aseando los pies cansados. Sin embargo, Degas se queda principalmente en el plano externo.

De las mujeres se conocen sus movimientos, rostros, imágenes. Son casi idolatradas las piernas, los senos o las nalgas e infinidad de poemas o canciones han sido escritos para hablar de los ojos o los cabellos, pero son inalcanzables, no hay manera de tocar, reír o llorar con y de las complejidades que implican las mujeres.

A través de la pantalla hemos sido testigos de los homenajes que infinidad de creadores han rendido a la figura femenina, Woody Allen, Ingmar Bergman por citar un par de ellos. Sin embargo son tres los cineastas que, en especial, han dedicado parte importante de su trabajo a la observación detenida de las mujeres. David Lynch, Quentin Tarantino y Pedro Almodóvar son tres directores y escritores que si bien distantes y distintos, tienen como común denominador el interés y la obsesión por indagar y explorar a la mujer, cada uno bajo diferentes criterios, pero siempre con un matiz menos instintivo y alejados (que se agradece) de conflictos de género o competencia ante el sexo opuesto.

La postura de estos tres directores, como ya se dijo, es mas desapegada, salvo en el caso de Almodóvar quien abiertamente expone su delirio por el género sin llegar a volverlo intocable, lo que se observa en la presencia casi fija de un elemento hostil y uno sublime en el tratamiento de sus personajes. Por una parte las exhiben no como un accesorio, no como un objeto inmóvil y de ornato, sino como un elemento complejo e imposible de desmembrarse del todo, pero por otro lado, aparece también el elemento de vulnerabilidad, con el que se muestran las virtudes y defectos del personaje femenino.

Lynch, el blanco



De figuras delgadas, alargadas, estéticas y con rostros casi pálidos, las mujeres de Lynch tienen la magia de volverse, en más de una escena, fotografías memorables del cine. Patricia Arquette en Lost Highway al bajar del auto y llegar al taller mecánico; Naomi Watts y Laura Harring en aquella escena lésbica de Mulhollan Drive; o Isabella Rossellini en Blue Velvet (casi en cualquier toma del filme) son algunos ejemplos de cómo estas mujeres son presentadas por este Director.

Perseguidas y atormentadas por demonios internos, en las historias de este cineasta poco se sabe de los personajes femeninos, a pesar de ser los centrales. Lo destacado son los ejercicios de interiorización a través de los cuales se salvan a si mismas. Si bien los hombres aparecen como un apoyo, son un elemento, no un contrapeso o complemento.

Las mujeres de Lynch entonces, deben salvarse solas (de si mismas acaso), no hay quien venga a rescatarlas, deben buscar, andar en caminos laberínticos temporales o de conciencia para lograr su redención.

Un elemento distintivo de estos filmes es su carácter onírico, sueños que en la mayoría de los casos se vuelven pesadillas, para que estas mujeres misteriosas y oscuras se pierdan y se encuentran a si mismas a través de iconos y símbolos que no solo representan “algo” en la película, sino que a su vez, son hilos conductores... conexiones entre los filmes y a su vez, entre ellas.

Sin tener que recurrir necesariamente a discursos largos o elocuentes, las mujeres de estas películas logran transmitir su dolor, reflejado en la mirada, en sus cuerpos hermosos y frágiles principalmente huyendo. Escapan de ataduras, de pasados, de misterios o ambiciones, pretenden alejarse de aquellos estándares sociales, rígidos o prejuiciosos. Son mujeres deseadas, que anteponen su liberación a cualquier otra demanda naturalmente femenina. No desean ser madres, porque cuando lo son, engendran monstruo.

Las mujeres de Lynch no pretenden en primer lugar, rescatar su feminidad, sino alcanzar un nivel mas alto de dignidad hacia si mismas y es eso lo que las hace trascendentales.

Películas recomendadas:




Inland Empire (2006)
Mulholland Dr. (2001)
Lost Highway (1997)
Wild
at Heart (1990)
Blue Velvet (1986)
The Elephant Man (1980)
Eraserhead (1977)




Tarantino, el arma



Los personajes femeninos de Tarantino mantienen un perfil mas agresivo y dinámico que en cualquier otro cineasta. Si bien conservan la belleza y erotismo que el director muestra desde su personal punto de vista, no son estas bellezas tradicionales o delicadas. Son un tanto, mujeres de verdad, con narices o pies particulares pero que desde la lente de quien las observa son hermosas.

Hay en estas mujeres un erotismo que radica sobre todo en la fijación por el mal (la venganza y la seducción agresiva) y no tanto en cualquier cliché de feminidad, de tal forma que Tarantino ha recurrido a tomas cercanas (muy cercanas) y largas (muy largas) de los pies, las piernas esculturales y derriers casi esculpidos para no olvidar que se trata de “ellas”.

Y es que en estas “ellas” hay proximidades constantes con ideas masculinas... la ambición, la violencia física, la aventura, la rudeza, etc. El mal habita en estos personajes y es suficiente una falta, una deslealtad para despertar la ira y una fijación por vengar la ofensa. No son madres, no tienen tiempo y cuando han querido serlo y no lo han logrado (La novia, Beatriz Kiddo o Black Mamba de Kill Bill), la única alternativa es pelear, defenderse y salvarse a golpes.

El llanto no es un recurso al que chicas tarantinescas recurran con frecuencia, no tienen esa alternativa porque son mujeres en movimiento, deben trasladarse, correr, ocultarse o perseguir. Deben atacar, ensayar golpes y patadas para luego traducirlos en luchas casi coreográficas.

Las heroínas de estos filmes parecen personajes salidos de comics, dibujados en una parte o etapa de su vida, pues no es necesario saber de donde vienen o van, sino el conflicto que deben resolver en el presente. Por ello, conocemos algunos rasgos de personalidad a través de acciones o discursos, la mayoría de las ocasiones en tonos agresivos y en los que inclusive hablan de cuestiones masculinas como las armas, los coches o aventuras sexuales.

Si bien en sus filmes, Tarantino rinde un culto a iconos de la cinematografía (actores, estilos, escuelas, etc.) hay también un tono de burla hacia sus personajes, masculinos y femeninos, sin embargo, pese a la caricatura que en ocasiones hace de las mujeres, éstas salen triunfadoras ante un mundo hostil que las agrede.

Si Lynch tortura a sus personajes femeninos desde dentro de si mismos, Tarantino las expone a un sinnúmero de situaciones extremas y peligrosas que resultan estimulantes para ellas, ya que no se quedan quietas, pues gritan y matan sin ningún miramiento e inclusive, llegan a contagiar de esa satisfacción a sus espectadores.

Películas recomendadas:




Death Proof (2007)
Kill Bill: Vol. 2 (2004)
Kill Bill: Vol. 1 (2003)
Jackie Brown (1997)
Pulp Fiction (1994)





Almodóvar, la herida



Como si descendiera de lo etéreo a lo terreno, las mujeres de Almodóvar se pueden tocar, son de carne, están y se sienten vivas. No representan necesariamente objetos sublimados a pesar del culto que se les rinde en cada filme, son ellas los personajes con los que cualquiera se identifica o reconoce a su semejante.

Ordinarias, comunes y con un lenguaje cotidiano, las mujeres en la filmografía de este director tienen un toque rústico, sobre todo porque en la mayoría hay una necesidad de satisfacer apetitos animales, necesidades básicas de identificación. Comen, sudan e inevitablemente exigen satisfacción sexual, sea del sexo opuesto o del propio.

El género femenino es admirado por Almodóvar a tal grado que los hombres acuden a su imitación para lograr algo y si bien en este caso, la competencia es nula, siguen siendo ellas quienes guían pero mas allá de eso, estimulan.

Un rasgo característico de estas mujeres, es sin duda, la presencia de discursos larguísimos, hablan de su pasado o de sus deseos, critican, exigen y principalmente, alcanzan sus objetivos, se quedan con aquello que les pertenece.

Almodóvar hace llorar a sus mujeres, por pérdidas o desencuentros sufren intensamente, pero de la misma forma, cantan, ríen y se carcajean cuando hay que celebrar.

Destaca, y tal vez tengan alguna semejanza en este aspecto con las chicas de Tarantino, su solidaridad, pese a deslealtades o traiciones, las mujeres finalmente trabajan juntas, luchan por una misma causa y es esto tal vez, el logro mas importante del creador, reunir en armonía a un grupo de mujeres en competencia.

Por último, puede considerarse que la principal metáfora en la poética de Almodóvar es el manejo de la feminidad de sus mujeres sin agotar los personajes ya que si bien algunos de ellos rayan en lo absurdo o la incoherencia, no dejan de sorprender con algún elemento que les redime. Es este director el que retrata a las mujeres de manera mas fiel o humana, con sus facetas maravillosas o ridículas. Ellas pueden ser madres y sufren o disfrutan ese hecho; pueden ser amantes y se entregan, pero sobre todo, estas mujeres siguen siendo eso, personas que caminan en tacones altos, soportando las caídas y comenzando de nuevo.

Películas recomendadas:




Volver (2006)
Hable con ella (2002)
Todo sobre mi madre (1999)
Kika
(1993)
¡Átame! (1990)
Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)





¿Porqué el espectador se enamora de estas mujeres?

Hay por supuesto algunos rasgos que son comunes en estos tres tipos de mujeres, el primero es su búsqueda constante o su preocupación por responder preguntas. Hay una serie de complejas situaciones que les preocupan y deben indagar y rebuscar dentro o fuera de ellas para vencer su curiosidad y es en ese proceso en el que quien las observa, no puede dejarlas solas.

A partir de esta búsqueda, o bien al final de ella, las mujeres consiguen su liberación, sea de ataduras o prejuicios propios o ajenos, de su pasado, o de circunstancias particulares en las que sus directores las colocan para observarlas. No se cansan hasta lograrlo, ellas vencen obstáculos y dan la pelea. Es precisamente ese proceso de lucha el que las hace cercanas al mal, que sería otro de los aspectos comunes en estas mujeres.

Y es que ¿qué sería de cualquier historia sin un elemento antagónico? La diferencia es que en este caso, el protagonismo y el antagonismo habitan en la misma persona y muchas veces, son ellas quienes provocan los conflictos. Por inconformidad o por hastío, despierta un elemento instintivo que las vuelve agresivas y por ende, activas, siendo éste, otro elemento que se agradece: que las mujeres dejen de ser representadas como seres torpes e incapaces de decidir y tomar las riendas.

Es así que las mujeres de Lynch se rehúsan a continuar por el camino lineal y se internan en callejones sin salida o rutas sin destino preciso, mientras que las de Tarantino no dudan en saltar desde el precipicio (desde Mía Wallace inhalando cocaína hasta la sobredosis, Jackie Brown estafando a un mafioso o Honey Bunny con su grito memorable Any of you fucking pricks move, and I'll execute every motherfucking last one of ya!), en tanto que las adorables chicas Almodóvar lo mismo escandalizan o torean.

Por último y casi de manera lógica, a pesar de esta serie de características sui generis que les son adjudicadas por los tres directores, ellas siguen representando objetos de deseo, que sin embargo, mantienen cierta distancia con el espectador. No son fáciles de encontrar y por supuesto son casi inasibles. Es de esta forma como logran su inmortalidad, unas por su preocupación por indagar en su interior, otras por mantenerse en movimiento y las últimas por conservar el matiz poético en sus vidas. Por ello no hacen falta (aunque los hay) graciosos contoneos o piernas desnudas, basta con una frase para derretirse...

You'll never have me

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