viernes, 28 de enero de 2022

Soy la mujer que... extraña como loca a sus amigas (04/52)

 Soy muy afortunada.

Tengo mucha gente que me quiere y durante toda mi vida me he rodeado de personas que se han preocupado y que me han cuidado en mis peores momentos.

Valoro siempre la amistad y el cariño con hombres y mujeres, pero es con estas últimas con quien guardo una relación especial.

Amo profundamente la simpatía, inteligencia, poder y compañía de mis amigas. Son fuertes y débiles; saben cantar, bailar, hacer ensayos, dar clases, dirigir grupos, vender, cuidar, inventar, etc. Yo siempre he dicho, que como crecí rodeada de montañas, estoy acostumbrada a acompañarme de Gigantes, principalmente de Mujeres Gigantes.

Tras casi dos años de pandemia, aunque ha sido de manera muy esporádica, he tenido la oportunidad de ver personalmente a algunas de ellas. Sin embargo, hay otras muy queridas, a las que el encierro y el aislamiento nos ha impedido encontrarnos.

¿Las extraño? ¡Como una loca!

Muero por volver a tener sus pláticas, sus tips de cocina, escuchar su risa y que me cuenten los proyectos en los que andan metidas.

Generalmente, las mujeres con las que me reúno tienen por un lado mucha iniciativa y creatividad y por otro, están locas.

Tengo una hermosa anécdota con una de ellas que, por motivos que ya no recuerdo, un fin de año no pudimos vernos, así que se nos ocurrió hacer algo que llamamos: El Simulacro de Fin de Año. Nos pusimos muy guapas, preparamos comida, compramos uvas y a las 12 de la noche, de un dia de febrero o marzo, gritamos y celebramos, nos abrazamos y nos deseamos lo mejor “para el año que comienza”.

Adoro también los dotes culinarios de muchas de ellas. Como ya he dicho, están locas y son creativas. Entonces, han hecho platillos tan impensables como maravillosas que sirven de manera generosa a quienes convivimos con ellas.

Extraño mucho los conciertos, pero extraño más ir con ellas: hacer toda una travesía y estar de pie por horas con tal de abrazarnos y cantar juntas hasta quedar afónicas.

Extraño sentarnos alrededor de una mesa de bocadillos y copas de vino a hablar desde la crianza de los hijos, los enfados con la pareja, nuestros temores por la seguridad o la economía del país, nuestras pasiones políticas, etc.

Recuerdo con profunda nostalgia y orgullo, la última ves que nos vimos entre la multitud, el ocho de marzo del 2020; nos reunimos en el centro de la ciudad para marchar con miles de mujeres entre cantos, protesta y consignas. Yo aun no puedo definirme como feminista, me faltan muchas lecturas y entender conceptos e ideas, pero con mis amigas he aprendido de derechos, de historia, de la agenda que muchos deberíamos tener en la cabeza. Pero sobre todas las cosas he aprendido una actitud que ha traido tranquilidad a mi vida: NO JUZGAR.

Por eso las extraño, porque siento que he estado perdiendo un tesoro infinito de risas e ideas. Que he desperdiciado noches y días entre sanitizantes y desinfectantes en lugar de estar con ellas y abrazarlas y reírnos a carcajadas y planear viajes que tal vez nunca haremos pero que nos imaginamos con alegría.

Hay días en que leo libros o artículos que ellas me recomendaron y los vuelvo a disfrutar como la primera vez o escucho una canción de nuestro grupo favorito y me es imposible no ponerme a llorar.

We’re flying high
We’re watching the world pass us by
Never want to come down
Never want to put my feet back down
On the ground

miércoles, 26 de enero de 2022

Soy la mujer que... vió La hija oscura (03/52)

 

Dirigida por una de mis actrices de culto: Maggie Gyllenhaal, La Hija Oscura si bien pone en la mesa de discusión la maternidad como destino obligado para las mujeres, también pone de manifiesto otras aristas de la vida en pareja y sus impactos en la crianza de los hijos.

Antes de hablar de los temas en torno a la película, me llama la atención que la protagonista lleve el nombre de Leda, una mujer que de acuerdo a la mitología habría sido seducida por Zeuz convertido en cisne. Esa misma noche, ella tiene a su vez relaciones con su esposo Tindáreo, pone dos huevos de los cuáles nacen dos hijos del dios Zeus (Pólux y Helena) y dos del rey Tindáreo (Cástor y Clitemnestra). Los hijos de Leda fueron protagonistas de grandes mitos y leyendas. Castor y Pólux, los Dioscuros, fueron héroes famosos y tiene su propia constelación, Géminis, que representa a estos gemelos. Helena, la más hermosa mujer de la Tierra, fue la supuesta causa de la ruina de Troya, y Clitemnestra que acabó víctima del matricidio más famoso de la cultura occidental, el de Electra y Orestes. El tema de la maternidad es recurrente, desde Leda hasta Clitemnestra y nos lleva a preguntarnos ¿a dónde nos lleva elegir tener hijos? ¿a la dicha o a la tragedia?

Volviendo al tema de la película e independientemente del sexo ¿nacemos con la capacidad, deseo, aptitud, etc. para ser padres? Recientemente el Papa Francisco realizó estas declaraciones: "Muchas parejas no tienen hijos porque no quieren o tienen solamente uno porque no quieren otros, pero tienen dos perros, dos gatos… Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos. Sí, hace reír, lo entiendo, pero es la realidad. Y este hecho de renegar de la paternidad y la maternidad nos rebaja, nos quita humanidad". Para la Iglesia entonces, nuestro sentido humano se subleva o se demerita en función de a quién cuidamos, dónde ponemos nuestro amor o nuestra pasión.

Cuando uno dice de alguien “No nació para tener hijos”, si se habla de un varón, la frase suena hasta como alivio. En el pensamiento se queda la idea de que es mejor, que él siga con su vida, que la disfrute, que haga con ella lo que quiera, antes de arruinarle la vida a un crío; en tanto que, si la frase va dirigida a una mujer, se vuelve reclamo y estigma. No saber ser madre pareciera que inutilizara a las mujeres, volviéndolas precisamente como menciona la protagonista de la película: ANTINATURAL.

Entre las críticas ya se ha hablado mucho del tema central: el cuestionamiento de la maternidad. En el caso de la protagonista, los señalamientos desde la pareja, los conocidos, la familia y sobre todo, ella misma. Pareciera que como mujeres, tener o atender otras prioridades que no sean el cuidado y la entrega hacia los hijos, es objeto de repudio, tanto social como personal.

Pero, conociendo la historia que nos narra ¿habría sido tan abrumador, aterrador, etc. ser madre con una pareja que intelectual y activamente colaborara y se comprometiera con la crianza?

Observo en la historia de Leda muchas carencias. Si bien en la película no se hace mucho incapié del maltrato infantil del que la protagonista es víctima de parte de su madre, en la novela hay pasajes que demuestran no solo el impacto que deja en ella, sino la consecuencia en su comportamiento:

“Yo también lloraba de felicidad, de alivio, pero al mismo tiempo gritaba de rabia —igual que mi madre— por el peso aplastante de la responsabilidad, por el vínculo que estrangula, y sacudía a mi primogénita con el brazo libre, exclamaba: me las pagarás, Bianca, verás cuando lleguemos a casa, no te alejes nunca más, nunca más.”

Cuando un niño es víctima de violencia física, emocional o psicológica prevalece una profunda falta de valoración y autoestima, y un cerebro en alerta permanente, acostumbrado al estrés. Es por ello que Leda no sabe disfrutar unas vacaciones, una relación, la comida o el mar.

Por otra parte, si bien es siempre importante contar con una pareja que nos equilibre, nos ame, nos cuide, nos retroalimente y entienda y valore nuestras ambiciones e intereses, me parece que teniendo hijos estas capacidades deben exponenciarse. Porque no dejamos de ser nosotros cuando parimos. En el caso de Leda, pareciera que se queda sola. Por lo que se observa en algunas escenas, no hay satisfacción ni intelectual, ni sexual… ni siquiera en lo doméstico y por ende, la crianza de las hijas se le atribuye directamente a ella, obligándola a retirarse de su vida profesional. Sus éxitos y sus argumentos no importan cuando se cierra la puerta. Ella debe vestir, bañar y jugar con las niñas mientras él sale a trabajar o socializar. Hay mujeres que han estado viviendo esta misma situación en nuestra ciudad y en el mundo a raíz de la pandemia ¿cuánta frustración se está acumulando? ¿cuántos niños están viviendo infiernos de parte de quienes deberían de ser sus primeros cuidadores?

Si bien ser madre o padre, no es obligatorio para nadie, La Hija Oscura muestra que, además, para lograrlo de manera sana deben reunirse una serie de requisitos a los que como sociedad debemos voltear a ver y atender. Desde las violencias en la infancia hasta las condiciones necesarias para que todos podamos desarrollarnos profesional, intelectual y productivamente.

Leda acumula culpas desde niña, que se fueron sumando al pecado de ser brillante, de saber idiomas, de poder dilucidar sobre filosofía… pero no sabe ser madre y eso lo opaca todo.

martes, 18 de enero de 2022

Soy la mujer que... ama caminar, pero con Ellos (02/52)

 

Porque es necesario, porque relaja, porque es bueno para la salud, etc. camino todos los días. Un tramo lo hago del transporte público a mi casa y luego más tarde, hago otro paseo después de la comida.

Debo decir que la primera caminata la padezco, bajo del transporte sintiendo que traigo el COVID impregnado en el cuerpo y en la ropa y de inmediato me baño en spray sanitizante, me embarro las manos de gel antibacterial y me aseguro de que el cubre boca esté bien colocado. Luego camino por unos minutos bajo el sol de las 3 de la tarde, entre gente y puestos callejeros, cargada de mi bolso, la lonchera y la chamarra o el sweater que ya no soporto encima. Así voy molesta e incómoda por todo lo que cargo, por lo que sudo, por el maquillaje cayéndose, en fin. Lo sufro

Lo único que me agrada es ir escuchando artículos, editoriales y columnas de opinión que previamente bajo y copio. Me entretiene (que no relaja) ir aprendiendo conceptos e ideas y estar al tanto de lo que pasa en política y seguridad en el país.

Pero debo admitir que el paseo que más disfruto es el que hago después de la comida con mi perra y con mi hijo. Vamos al parque de la colonia, que en ese horario está prácticamente solo y podemos quitarle la correa.

Amo verla correr. Tan libre, tan larga, tan ágil. Arya, mi perra, tiene apenas un año y meses. Es una cachorra aún y necesita todos los días hacer estos paseos para desestresarse de vivir en un espacio pequeño.

Me encanta la forma en que se alarga y casi vuela por los pequeños montículos y los segundos que tarda apenas en alcanzar el palo que mi hijo le lanza para que se lo lleve de regreso.

Verlos es un respiro y no sé si es ahí, en ese momento, cuando estas caminatas relajan, distraen y son buenas para la salud. Lo cierto es que es un paisaje en movimiento. El con su cabello largo, su parsimonia y su risa a carcajadas. Ella que corre, que lloriquea porque quiere que vayamos a su zona favorita y que de la emoción orina tantas veces que llega a casa vacía.

Cuando los miro mientras yo sigo dando vueltas acumulando pasos para llegar a los 10 mil, los envidio. Amo su juventud y su ligereza. Los observo y siento algo de recelo por el amor que se tienen, por su confidencia y por ese vínculo que crearon desde el primer día en que se vieron.

Leo en internet que entre los beneficios de las caminatas están que eliminan el colesterol malo, reducen el riesgo cardiaco, previenen la diabetes, el estrés y la depresión. Para mí, las caminatas me permiten compartir con este par al que amo. Y si, seguramente me enfadaré menos con los desastres de la cachorra tan solo de recordar, lo feliz que nos hace.

PD. Estos no serán siempre sobre #LaVidaConArya. Solo por hoy.

Soy la mujer que... tiene la ropa llena de pelos (01/52)

 

Cuando tenía más o menos 10 años, llegó a casa el primer perro de mi vida. Mi padre lo rescató recién nacido y nos lo entregó para que lo criaramos.

Mi hermana, que por alguna razón resultó ser muy nerviosa y temerosa de los animales, se enterneció con el cachorrito que nos cabía entre las manos y por el que nos desvelamos días alimentándolo con un biberón de juguete.

Amábamos a nuestro perro que creció pero al que acariciabamos poco por la prohibición de mi madre de tenerlo dentro de casa.

Con los años fueron y vinieron otras mascotas. Siempre bajo las reglas maternas de que no entraran a la casa y mucho menos treparan en muebles y camas.

Cuando mi hijo a los 4 años más o menos nos pidió su primero mascota, compramos a la beagle más hermosa del mundo. Gena era obediente, educada y tan inteligente que sabía que, aunque vivía dentro del departamento, no podía entrar a las recámaras.

Luego vino Manchas, su hijo. Estuvo con nosotros 10 años hasta que una enfermedad lo inmovilizó y tuvimos que dormirlo.

Personalmente quería descansar de vacunas, alimentos, limpieza, etc. por un tiempo, pero la Pandemia tenía mucho aislado a mi hijo y fue el, quien nos pidió una nueva mascota que le hiciera compañía.

Arya, que llegó a nosotros con 3 meses de edad. Una perrita mestiza, abandonada y fóbica al encierro que vino a revolucionarnos la vida. Desde que llegó se apropió de la casa y de nosotros. Por pequeña y nerviosa, le empezamos a permitir subir a las camas y resultó sumamente relajante sentarla a nuestro lado en la sala.

Pero todo tiene un costo. Se ha comido por lo menos 6 pares de sandalias, ha deshecho el tapiz de la sala, ha mordisqueado sábanas, cobijas, toallas, cortinas y claro... se ha comido guisos, panes y cuanto ha quedado su alcance en la cocina. La gracia más reciente es que acabó con los lentes de mi marido.

Todos los días le decimos que está "así" de irse de casa, pero sabemos que eso no sucederá y parece que ella también lo sabe, pues tuerce un poco la cabeza y se da la media vuelta para ir a echarse a alguno de los sillones.

Así que, después de años de criar perros, de tener reglas estrictas y de ser cuidadosos en la disciplina de los cachorros ha llegado esta chica, en medio del encierro, del miedo, del aislamiento a dejarnos la ropa llena de pelos.

Ahora además de todos sus utensilios, artículos y juguetes, nosotros hemos conseguido cepillos y rodillos para limpiarnos y mi hijo debe aspirar las camas y la sala por lo menos una vez a la semana.

¿Han sido mas trabajo y disgustos? Si.

¿Ha valido la pena? Por mucho.

martes, 19 de octubre de 2021

#LoDeHoy

 

A veces me 3nc4brono por las cosas que me pasan, luego me acuerdo que me pasan por P3nd3j4 y se me pasa. PyBy

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Cuando la vida nos golpea y nuestros mitos de la infancia se revelan como lo que son, la verdad se siente como el mayor golpe de gracia de todos: no es un cónyuge, ni una tierra, ni un trabajo, ni el dinero lo que nos da la felicidad. Esos logros, esas relaciones, pueden aumentar nuestra felicidad, sí, pero la felicidad tiene que empezar desde dentro. Confiar en cualquier otra ecuación puede ser letal.

Laura A. Munson

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Rosa Montero, en su columna “Aprender a volar “ habla de la tragedia por la erupción del Volcán en La Palma y se pregunta, ¿qué cogerías primero si solo tuvieras unos minutos para salvar algo de casa?

Pienso como ella en que obvio los papeles de identificación y documentos legales, mi perra, algo de alimento… y después? ¿Qué hay de los libros, las estatuillas de cerámica, los cuadros, los cuadernos con notas, el trajesito con el que salió tu hijo del hospital o la botella vacía de vodka que guardas porque esa noche fue magnífica?

Es obvio y lógico que rescatas la vida, pero para quienes somos aprehensivos de los objetos, sería una separación dolorosísima. PyBy

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Entonces, cuando uno no encuentra la salida y se sume en lo profundo de la espiral que desciende y se estrecha, aparecen ellos:

“Cuando Caín mata a Abel, huye a los desiertos. Y si los criminales son multitud, la multitud vive en el desierto y en esa otra especie de soledad que se llama promiscuidad”. El hombre rebelde. Albert Camus

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“Hay que estar con los oprimidos, sin olvidar que están hechos del mismo barro que los opresores”. Cioran

jueves, 7 de noviembre de 2019

Una llamada telefónica, un relato corto de Dorothy Parker


Una llamada telefónica, un relato corto de Dorothy Parker
Por favor, Dios, que llame ahora. Querido Dios, que me llame ahora. No voy a pedir nada más de ti, realmente no lo haré. No es mucho pedir. Sería tan poco para ti, Dios, una cosa tan, tan pequeña. Solo deja que llame ahora. Por favor, Dios. Por favor, por favor, por favor.
Si no pienso en eso, tal vez el teléfono suene. A veces lo hace. Si pudiera pensar en otra cosa. Si pudiera pensar en otra cosa. Quizá si cuento hasta quinientos de cinco en cinco, suene antes de que termine. Voy a contar lentamente. Sin trampas. Y si suena cuando llegue a trescientos, no voy a parar, no voy a contestar hasta que llegue a quinientos. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta… Oh, por favor, llama. Por favor.
Esta es la última vez que voy a mirar el reloj. No voy a mirar de nuevo. Son las siete y diez. Dijo que llamaría a las cinco. “Te llamaré a las cinco, cariño.” Creo que fue en ese momento que dijo: “cariño”. Estoy casi segura de que fue en ese momento. Sé que me llamó “cariño” dos veces, y la otra fue cuando me dijo adiós. “Adiós, cariño.” Estaba ocupado, y no puede hablar mucho en la oficina, pero me llamó “cariño” dos veces. Mi llamada no puede haberlo molestado. Sé que no debemos llamarlos muchas veces; sé que no les gusta. Cuando lo haces ellos saben que estás pensando en ellos y que los quieres, y hace que te odien. Pero yo no había hablado con él en tres días, tres días. Y todo lo que hice fue preguntarle cómo estaba, justo como cualquiera puede llamar y preguntarle. No puede haberle molestado eso. No podía haber pensado que lo estaba molestando. “No, por supuesto que no”, dijo. Y dijo que me llamaría. Él no tenía que decir eso. No se lo pedí, en verdad no lo hice. Estoy segura de que no lo hice. No creo que él prometa llamarme y luego nunca lo haga. Por favor, no le permitas hacer eso, Dios. Por favor, no.
“Te llamaré a las cinco, cariño.” “Adiós, cariño.” Estaba ocupado, y tenía prisa, y había gente a su alrededor, pero me llamó “cariño” dos veces. Eso es mío, mío. Tengo eso, aunque nunca lo vea de nuevo. Oh, pero es tan poco. No es suficiente. Nada es suficiente si no lo vuelvo a ver. Por favor, déjame volver a verlo, Dios. Por favor, lo quiero tanto. Lo quiero mucho. Voy a ser buena, Dios. Voy a tratar de ser mejor persona, lo haré, si me dejas verlo de nuevo. Si lo dejas que me llame. Oh, deja que me llame ahora.
Ah, no desprecies mi oración, Dios. Tú te sientas ahí, tan blanco y anciano, con todos los ángeles alrededor y las estrellas deslizándose en tu entorno. Y yo te vengo implorando por una llamada telefónica. Ah, no te rías, Dios. Verás, tú no sabes cómo se siente. Estás tan seguro, allí en tu trono, con el gran azul remoloneando debajo de ti. Nada puede tocarte, nadie puede torcer tu corazón en su mano. Esto es sufrimiento, Dios, esto es sufrimiento malo, malo. ¿No me ayudarás? Por el amor de tu Hijo, ayúdame. Dijiste que harías lo que se te pidiera en su nombre. Oh, Dios, en el nombre de tu único y amado Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, que me llame ahora.
Tengo que parar esto. No debo ser así. Veamos. Supón que un hombre joven dice que va a llamar a una chica, y luego pasa algo y no lo hace. No es tan terrible, ¿verdad? ¿Por qué? Está pasando en todo el mundo en este mismo momento. Oh, ¿qué me importa lo que esté pasando en todo el mundo? ¿Por qué no puede sonar el teléfono? ¿Por qué no puede? ¿Por qué no? ¿No podrías sonar? Vamos, por favor, ¿no? Maldita cosa fea y brillante. ¿Es que te haría daño sonar? Oh, eso te haría daño. ¡Maldita sea! Voy a arrancar tus raíces sucias de la pared y te romperé esa cara negra y engreída en pequeños trozos. Vete al infierno.
No, no, no. Tengo que parar. Tengo que pensar en otra cosa. Esto es lo que voy a hacer. Voy a poner el reloj en la otra habitación. Entonces no podré verlo. Si quisiera mirarlo, tendría que entrar al dormitorio, y eso sería algo que hacer. Tal vez, antes de que yo lo vea de nuevo, él me llame. Voy a ser tan dulce con él, si me llama. Si dice que no puede verme esta noche, le diré: “No te preocupes, está bien, cariño. En serio, por supuesto que está bien.” Voy a ser exactamente como era cuando lo conocí. Entonces tal vez le guste de nuevo. Yo era siempre dulce, entonces. Oh, es tan fácil ser dulce con la gente antes de amarla.
Creo que todavía debo gustarle un poco. No me habría llamado “cariño” dos veces hoy si ya no le gustara. No todo se ha perdido si todavía le gusto un poco, aunque sea solo un poquito. Verás, Dios, si dejaras que me llamara, no tendría que pedirte nada más. Sería dulce con él, sería alegre, justo del modo en que solía ser, y entonces él me amará otra vez. Y entonces yo nunca tendría que pedirte nada más. ¿No ves, Dios? Así que, ¿dejarías que me llame ahora? ¿Podrías, por favor, por favor?
¿Me estás castigando, Dios, por haber sido mala? ¿Estás enojado conmigo? Oh, pero, Dios, hay personas tan malas; no puedes castigarme solo a mí. Y no hice tanto mal, no podía haber sido tanto. No le hice daño a nadie, Dios. Las cosas solo son malas cuando se lastiman personas. No herí una sola alma, tú lo sabes. Tú sabes que no hice mal, ¿no, Dios? Así que, ¿dejarás que me llame ahora?
Si no me llama, voy a saber que Dios está enojado conmigo. Voy a contar a quinientos de cinco en cinco, y si no me ha llamado entonces, sabré que Dios no va a ayudarme nunca más. Esa será la señal. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta, cincuenta y cinco… Hice mal. Yo sabía que hacía mal. Muy bien, Dios, mándame al infierno. Crees que me asustas con tu infierno, ¿no? Eso piensas. Que tu infierno es peor que el mío.
No debo. No debo hacer esto. Supón que se le hizo tarde para llamarme; no hay que ponerse histérica. Tal vez no va a llamar; tal vez ya viene para acá sin llamar por teléfono. Se desconcertará si ve que he estado llorando. No les gusta que llores. No llores. Pido a Dios que pudiera hacerlo llorar. Me gustaría poder hacerlo llorar y rodar por el suelo y sentir su corazón pesado, grande y supurante dentro de él. Me gustaría poder hacerle pasar un infierno.
Él no me desea un infierno a mí. Ni siquiera sé si sabe lo que siento por él. Me gustaría que lo supiera, pero sin yo decirle. No les gusta que les digas que te han hecho llorar. No les gusta que les digas que eres infeliz por culpa de ellos. Si lo haces, piensan que eres posesiva y exigente. Y luego te odian. Te odian cada vez que dices algo que realmente piensas. Siempre tienes que seguir con los jueguitos. Oh, pensé que no era necesario, yo pensaba que esto era tan grande que podía decir lo que quería. Supongo que no se puede, nunca. Supongo que no hay nada lo suficientemente grande como para eso, jamás. ¡Oh, si él me llamara, no le diría que había estado triste por su culpa! Odian a la gente triste. Sería tan dulce y alegre que no podría evitar encariñarse conmigo. Si tan solo me llamara. Si tan solo me llamara.
Tal vez eso está haciendo. Tal vez viene para acá sin llamarme. Tal vez está en camino. Quizá le ocurrió algo. No, nada puede pasarle a él. No puedo siquiera imaginar tal cosa. Nunca me lo imagino atropellado. Nunca lo he visto tirado, quieto y largo y muerto. Me gustaría que estuviera muerto. Es un deseo terrible. Es un deseo encantador. Si estuviera muerto sería mío. Si estuviera muerto nunca pensaría en hoy y estas últimas semanas. Solo recordaría los tiempos espléndidos. Todo sería hermoso. Me gustaría que estuviera muerto. Me gustaría que estuviera muerto, muerto, muerto.
Qué tontería. Es una tontería ir por ahí deseando que personas mueran, tan solo porque no te llamaron a la hora que dijeron. Tal vez el reloj se adelantó, no sé si tiene la hora correcta. Quizá su tardanza no es real. Cualquier cosa podría haberlo retrasado un poco. Tal vez tuvo que quedarse en la oficina. Tal vez fue a su casa, para llamarme desde ahí, y alguien lo visitó. No le gusta llamarme delante de la gente. Tal vez está preocupado, aunque sea un poco, de tenerme esperando. Puede que incluso espere que yo lo llame. Yo podría hacer eso. Podría llamarlo.
No debo. No debo, no debo. Oh, Dios, por favor, no me dejes hacerlo. Por favor, prevén que me atreva. Yo sé, Dios, tan bien como tú, que si se preocupara por mí habría llamado sin importar dónde esté ni cuánta gente tiene alrededor. Por favor hazme saberlo, Dios. No te pido que me lo hagas fácil ni me ayudes; no puedes hacerlo, aunque pudiste crear un mundo entero. Solo hazme saberlo, Dios. No me dejes seguir con esperanzas. No quiero seguir reconfortándome. Por favor, no dejes que me llene de esperanzas, querido Dios. No, por favor.
No voy a llamarlo. Nunca lo llamaré de nuevo mientras viva. Puede pudrirse en el infierno antes de que lo llame. No hace falta que me des fuerza, Dios, ya la tengo. Si él me quiere, puede tenerme. Él sabe dónde estoy. Él sabe que estoy esperando aquí. Él está tan seguro de mí, tan seguro. Me pregunto por qué nos odian tan pronto están seguros de una. Pienso que sería tan dulce estar seguro.
Sería tan fácil llamarlo. Entonces sabría todo. Tal vez no sería tan tonto. Tal vez no le molestaría. Tal vez hasta le gustaría. Tal vez ha estado tratando de llamarme. A veces la gente trata y trata de llamar a alguien, pero el número no responde. No estoy diciendo eso para confortarme, eso pasa de verdad. Tú sabes que ocurre de verdad, Dios. Oh, Dios, mantenme lejos de ese teléfono. Mantenme lejos. Permíteme quedarme con un poco de orgullo. Creo que voy a necesitarlo, Dios. Creo que será lo único que tendré.
Oh, ¿qué importa el orgullo cuando no puedo soportar estar sin hablarle? Este orgullo es tan tonto y miserable. El verdadero orgullo, el grande, consiste en no tener orgullo. No estoy diciendo eso solo porque quiera llamarlo. No. Eso es verdad, yo sé que es verdad. Voy a ser grande. Voy a librarme de los orgullos pequeños.
Por favor, Dios, impídeme llamarlo. Por favor, Dios.
No veo qué tiene que ver el orgullo aquí. Esto es una cosa demasiado pequeña para meter el orgullo, para armar tal alboroto. Puede que lo haya malinterpretado. Tal vez él me dijo que lo llamara a las cinco. “Llámame a las cinco, cariño.” Él pudo haber dicho eso, perfectamente. Es muy posible que no haya escuchado bien. “Llámame a las cinco, cariño.” Estoy casi segura de que eso dijo. Dios, no me dejes decirme estas cosas. Hazme saber, por favor, hazme saber.
Voy a pensar en otra cosa. Voy a sentarme en silencio. Si pudiera quedarme quieta. Si pudiera quedarme quieta. Tal vez pueda leer. Oh, todos los libros son acerca de personas que se aman verdadera y dulcemente. ¿Qué ganan escribiendo eso? ¿No saben que no es verdad? ¿Acaso no saben que es una mentira, una maldita mentira? ¿Por qué deben escribir esas cosas, si saben cómo duele? Malditos sean, malditos, malditos.
No lo haré. Voy a estar tranquila. Esto no es nada para alterarse. Mira. Supón que fuera alguien que no conozco muy bien. Supón que fuera otra chica. Entonces marcaría el teléfono y diría: “Bueno, por amor de Dios, ¿qué te ha pasado?” Eso haría, sin pensarlo apenas. ¿No puedo ser casual y natural solo porque lo amo? Puedo serlo. Honestamente, puedo serlo. Lo llamaré, y seré tan ligera y agradable. A ver si no lo haré, Dios. Oh, no dejes que lo llame. No, no, no.
Dios, ¿realmente no vas a dejar que llame? ¿Seguro, Dios? ¿No podrías, por favor, ceder? ¿No? Ni siquiera te pido que dejes que llame ahora, Dios, solo que lo haga dentro de un rato. Voy a contar quinientos de cinco en cinco. Voy a hacerlo despacio y con parsimonia. Si no ha telefoneado entonces, lo llamaré. Lo haré. Oh, por favor, querido Dios, querido Dios misericordioso, mi Padre bienaventurado en el cielo, ¡que llame antes de entonces! Por favor, Dios. Por favor.
Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco…

jueves, 31 de octubre de 2019

Los amigos y el cerebro

Además de abrir nuestro conocimiento a personas diversas, hacer amigos o convivir con otras personas nos ayuda a:
*** Reducir el estrés. Tener una charla con personas en una comunicación desinteresada, que sabes que no te juzgarán y que por el contrario te ayudarán, relaja; sentirnos apoyados baja nuestras angustias y preocupaciones.
*** Contribuyen a mejorar la salud en general. Diversos estudios han señalado que el autocuidado se incrementa cuando convivimos con otras personas; para pacientes de diversas enfermedades, sentir el apoyo de un amigo hace que la percepción del dolor disminuya y en muchas ocasiones, la preocupación sincera de nuestros amigos, sus sugerencias sobre nuestra salud, pues obviamente contribuyen a nuestra mejoría. Me encanta ver por ejemplo en mi colonia, un grupo de mujeres adultas que se arreglan y se animan unas a otras a salir de casa, divertirse, ejercitarse, participar en las actividades de la comunidad, etc. Son mujeres que se mantienen saludables y sonrientes. Algunas de ellas viven prácticamente solas y la compañía de sus vecinas y amigas es fundamental para su ánimo.
*** Tener amigos ayudan a aumentar la agudeza mental. La interacción humana es un factor que estimula el cerebro. El solo hecho de sostener una conversación o pensar en una realidad diferente a la propia dinamiza la actividad cerebral.

Es una maravilla leer o escuchar conferencias sobre el comportamiento de nuestro cerebro cuando convivimos con otros seres humanos, por ejemplo, la forma en que nuestros ritmos cardiacos y flujos sanguíneos se coordinan. Las mejores amistades incluso comparten hasta las ondas cerebrales

Entra al link del podcast donde escucharás mas información y además, un maravilloso cuento de Gabriel Rodríguez Liceaga

https://mx.ivoox.com/…/amigos-cerebro-audios-mp3_rf_4376158…

miércoles, 29 de agosto de 2018

EL AUTOESTIMA

Por favor, dele una leida a este artículo que apareció originalmente en Noticias Médicas de msn.com

Últimamente he visto como los estragos de la baja autoestima produce individuos no solo inseguros e insatisfechos con su propia vida, sino la energía negativa que generan para los demás y para ellos mismos.

Lamentablemente, son pocas las probabilidades de que alguien ayude y de la mano (la gente se reúne con gente que lo hace sentir bien). Alguien con baja autoestima repele la compañía de sus semejantes y ello trae consigo tristeza y en ocasiones, depresión.

Evalúese, sea honesto consigo mismo y haga algo bueno por usted y por los demás.

***

Vidal Schmill nos explica cuáles son los pilares de la autoestima infantil, cómo formarlo y qué debes preguntarte para saber qué tanto amor propio le estás inculcando a tu hijo y cómo estás tú en este sentido como padre de familia.

Los pilares de la autoestima infantil son:

Autoeficacia. Percibirse como capaz de afrontar y resolver los desafíos en tu vida.
Autodignidad. Percibirse como merecedor de amor, afecto y lo bueno que tiene la vida.

Cuestionario exploratorio de autoestima infantil:

  • Rechazo los cumplidos que recibo (“Oh, no es nada… En realidad no soy inteligente; simplemente tengo buena suerte”…)
  • Invento excusas para explicar por qué me veo bien (“Gracias a mi peluquero, es capaz de hacer que un sapo parezca un príncipe”… “Créeme, es gracias a mi guardarropa”. “El verde es mi color”)
  • Le otorgo el crédito a los demás cuando en realidad yo me lo merezco (“Gracias a Miguel, sin él yo no sería nada”… “María hizo todo el trabajo; yo sólo la ayudé”).
  • Pongo de referencia a otras personas cuando hablo (“Mi marido dice”… “A mamá le parece”… “Mónica me dice siempre que”…)
  • Apoyo mis opiniones en los demás (“¿No es cierto que así es esto, amor?”… “Eso fue lo que dije, ¿no es cierto, Martha? … “Pregúntale a mi marido, él se lo dirá…)
  • 6. Me niego a comprar algo que me gusta, no porque piense que no me lo puedo permitir (aunque éste puede ser el motivo que alego para no hacerlo), sino porque pienso que no me lo merezco.
  • No compro algo porque pienso que lo tengo que comprar para otra persona, aunque no sea necesario este sacrificio.
  • Evito darme gustos como por ejemplo flores, vino o lo que sea, que me encantan porque considero que es un despilfarro.
  • “Me gusta” que me llamen usando algún mote o apodo con implicaciones peyorativas o despectivas.
  • Cuando mi pareja me da un regalo, inmediatamente pienso “Debe haberle comprado otra igual a otra mujer o me lo da para no quedar mal”.
  • Cambio de opinión o de manera de pensar porque alguien da muestras de desaprobación.
  • Me siento deprimido o angustiado cuando alguien no está de acuerdo conmigo.
  • Hago cosas que no quiero para otra persona y me siento resentido porque no me atreví a decirle que no.
  • Pido permiso para hablar o para comprar algo o para hacer cualquier cosa a una persona importante en mi vida porque temo su desagrado.
  • Trato de impresionar a los demás con mis “conocimientos” de algo o teniendo la razón o la última palabra.

martes, 28 de agosto de 2018

Try Walking in my Shoes


Hace un par de semanas en un viaje en avión me tocó observar por lo menos a tres personas mayores con un alto grado de obesidad, no sé si mórbida o extrema. El hecho es que para su movilidad requerían no solo de la asistencia de sus acompañantes, sino que personal de la propia aerolínea debía atender y llevar a cabo ciertos protocolos para la atención a estos pasajeros.

Desconozco si la razón de su incapacidad motriz se debía a la obesidad o a algún otro padecimiento, el hecho es que para mí fue no solo revelador, sino una señal de alerta sobre la forma en que deseo llegar al futuro.

Siempre he sido independiente y he amado poder desplazarme con libertad a un lugar u otro.

Padezco obesidad y como muchas y muchos, he pasado por dietas, pastillas, remedios, tés, licuados, etc. buscando la solución más fácil para mi condición ¿Me ha limitado o estorbado mi condición para hacer lo que he querido? La verdad es que no, pero creo que es un hecho que mientras más saludables nos mantengamos, gozaremos de una vejez más dinámica e independiente.

Tengo a la mano los mejores y peores ejemplos sobre sedentarismo y actividad. Y los aprecio.

Como ya he mencionado, he pasado por todo. En conversaciones con amigas donde nos preguntamos si ya hiciste esta u otra dieta, si ya probaste los productos de tal o cual marca, si ya leíste el libro de la antidieta, la dieta de la clínica x, “tu puedes adelgazar”, etc. pareciera que llenamos una check list a la que en cada punto damos una respuesta afirmativa.

Tengo 47 años y recientemente intenté unirme a un grupo de zumba en donde con bailes, brincos y flexiones un grupo de mujeres intenta (o logra) tener una condición óptima y bajar de peso. No me gustó.

Entonces en un acto de reflexión y tomando los buenos ejemplos decidí volver a realizar mis rutinas de caminatas. Es la cosa más sencilla, saludable y entretenida del mundo: me permite reflexionar, oxigenarme, observar, generar ideas, relajarme, etc.

Además, planeo viajar próximamente y solo hay una manera de conocer y recorrer las ciudades: CAMINANDO.

He encontrado un montón de beneficios en mi experiencia personal, pero si aún consideran necesario una lista (porque amo las listas), aquí va:


  • Fortalece el corazón y reduce complicaciones cardiovasculares
  • Mejoras tu función cognitiva
  • Caminar relaja y elimina el estrés y la depresión
  • Previene la diabetes
  • Mejora la resistencia cardiorrespiratoria
  • Ayuda a combatir el cáncer de seno
  • Reduce el desarrollo de cáncer de colon
  • Caminar brinda mayor densidad ósea
  • Evita la obesidad y depósitos de celulitis
  • Mejora la vida sexual
  • Aumenta los niveles de Vitamina D.
  • Ayuda a perder peso.
  • Ayuda a tomar menos medicamentos.
  • Mejora la circulación.
  • Tonifica piernas, gluteos y abdominales.
  • Caminar te da energía
  • Te hace feliz
  • Prolonga la vida
  • Mejora el estado de ánimo
  • Fortalece los músculos
  • Mejora el sueño
  • Disminuye la pérdida de la memoria
  • Reduce el riesgo de Alzheimer
  • Mejora la forma en la que envejecemos
  • Combate las enfermedades genéticas
  • Disminuye las probabilidades de padecer resfriados o gripes
  • Mejora la sociabilidad

#Caminata
#Salud

viernes, 24 de agosto de 2018

Otro arranque

Creo que publicar en blogs, videos, fotografías no significa que nuestra vida sea ejemplar, sino mas bien que nos gusta compartir. Por lo menos en mi caso

Así que de nuevo agarramos impulso y volvemos a publicar en este espacio de temas que son de nuestro interés (hablo en plural ya que espero tener la colaboración de mi hijo adolescente):


  • POLÍTICA
  • LITERATURA
  • CINE
  • ARTE
  • FAMILIA
  • CRIANZA
  • ADOLESCENCIA
  • COCINA
  • MANUALIDADES
  • PASEOS Y VIAJES
Esperamos ahora expandirnos a otras redes sociales y sobre todo captar su interés y que sigamos coincidiendo en los asuntos que mas nos conectan.

Un beso y hasta siempre

Patty Bazaldúa