miércoles, 26 de enero de 2022

Soy la mujer que... vió La hija oscura (03/52)

 

Dirigida por una de mis actrices de culto: Maggie Gyllenhaal, La Hija Oscura si bien pone en la mesa de discusión la maternidad como destino obligado para las mujeres, también pone de manifiesto otras aristas de la vida en pareja y sus impactos en la crianza de los hijos.

Antes de hablar de los temas en torno a la película, me llama la atención que la protagonista lleve el nombre de Leda, una mujer que de acuerdo a la mitología habría sido seducida por Zeuz convertido en cisne. Esa misma noche, ella tiene a su vez relaciones con su esposo Tindáreo, pone dos huevos de los cuáles nacen dos hijos del dios Zeus (Pólux y Helena) y dos del rey Tindáreo (Cástor y Clitemnestra). Los hijos de Leda fueron protagonistas de grandes mitos y leyendas. Castor y Pólux, los Dioscuros, fueron héroes famosos y tiene su propia constelación, Géminis, que representa a estos gemelos. Helena, la más hermosa mujer de la Tierra, fue la supuesta causa de la ruina de Troya, y Clitemnestra que acabó víctima del matricidio más famoso de la cultura occidental, el de Electra y Orestes. El tema de la maternidad es recurrente, desde Leda hasta Clitemnestra y nos lleva a preguntarnos ¿a dónde nos lleva elegir tener hijos? ¿a la dicha o a la tragedia?

Volviendo al tema de la película e independientemente del sexo ¿nacemos con la capacidad, deseo, aptitud, etc. para ser padres? Recientemente el Papa Francisco realizó estas declaraciones: "Muchas parejas no tienen hijos porque no quieren o tienen solamente uno porque no quieren otros, pero tienen dos perros, dos gatos… Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos. Sí, hace reír, lo entiendo, pero es la realidad. Y este hecho de renegar de la paternidad y la maternidad nos rebaja, nos quita humanidad". Para la Iglesia entonces, nuestro sentido humano se subleva o se demerita en función de a quién cuidamos, dónde ponemos nuestro amor o nuestra pasión.

Cuando uno dice de alguien “No nació para tener hijos”, si se habla de un varón, la frase suena hasta como alivio. En el pensamiento se queda la idea de que es mejor, que él siga con su vida, que la disfrute, que haga con ella lo que quiera, antes de arruinarle la vida a un crío; en tanto que, si la frase va dirigida a una mujer, se vuelve reclamo y estigma. No saber ser madre pareciera que inutilizara a las mujeres, volviéndolas precisamente como menciona la protagonista de la película: ANTINATURAL.

Entre las críticas ya se ha hablado mucho del tema central: el cuestionamiento de la maternidad. En el caso de la protagonista, los señalamientos desde la pareja, los conocidos, la familia y sobre todo, ella misma. Pareciera que como mujeres, tener o atender otras prioridades que no sean el cuidado y la entrega hacia los hijos, es objeto de repudio, tanto social como personal.

Pero, conociendo la historia que nos narra ¿habría sido tan abrumador, aterrador, etc. ser madre con una pareja que intelectual y activamente colaborara y se comprometiera con la crianza?

Observo en la historia de Leda muchas carencias. Si bien en la película no se hace mucho incapié del maltrato infantil del que la protagonista es víctima de parte de su madre, en la novela hay pasajes que demuestran no solo el impacto que deja en ella, sino la consecuencia en su comportamiento:

“Yo también lloraba de felicidad, de alivio, pero al mismo tiempo gritaba de rabia —igual que mi madre— por el peso aplastante de la responsabilidad, por el vínculo que estrangula, y sacudía a mi primogénita con el brazo libre, exclamaba: me las pagarás, Bianca, verás cuando lleguemos a casa, no te alejes nunca más, nunca más.”

Cuando un niño es víctima de violencia física, emocional o psicológica prevalece una profunda falta de valoración y autoestima, y un cerebro en alerta permanente, acostumbrado al estrés. Es por ello que Leda no sabe disfrutar unas vacaciones, una relación, la comida o el mar.

Por otra parte, si bien es siempre importante contar con una pareja que nos equilibre, nos ame, nos cuide, nos retroalimente y entienda y valore nuestras ambiciones e intereses, me parece que teniendo hijos estas capacidades deben exponenciarse. Porque no dejamos de ser nosotros cuando parimos. En el caso de Leda, pareciera que se queda sola. Por lo que se observa en algunas escenas, no hay satisfacción ni intelectual, ni sexual… ni siquiera en lo doméstico y por ende, la crianza de las hijas se le atribuye directamente a ella, obligándola a retirarse de su vida profesional. Sus éxitos y sus argumentos no importan cuando se cierra la puerta. Ella debe vestir, bañar y jugar con las niñas mientras él sale a trabajar o socializar. Hay mujeres que han estado viviendo esta misma situación en nuestra ciudad y en el mundo a raíz de la pandemia ¿cuánta frustración se está acumulando? ¿cuántos niños están viviendo infiernos de parte de quienes deberían de ser sus primeros cuidadores?

Si bien ser madre o padre, no es obligatorio para nadie, La Hija Oscura muestra que, además, para lograrlo de manera sana deben reunirse una serie de requisitos a los que como sociedad debemos voltear a ver y atender. Desde las violencias en la infancia hasta las condiciones necesarias para que todos podamos desarrollarnos profesional, intelectual y productivamente.

Leda acumula culpas desde niña, que se fueron sumando al pecado de ser brillante, de saber idiomas, de poder dilucidar sobre filosofía… pero no sabe ser madre y eso lo opaca todo.

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