Dirigida por una de mis actrices de culto: Maggie
Gyllenhaal, La Hija Oscura si bien pone en la mesa de discusión la maternidad
como destino obligado para las mujeres, también pone de manifiesto otras
aristas de la vida en pareja y sus impactos en la crianza de los hijos.
Antes de hablar de los temas en torno a la película, me
llama la atención que la protagonista lleve el nombre de Leda, una mujer que de
acuerdo a la mitología habría sido seducida por Zeuz convertido en cisne. Esa
misma noche, ella tiene a su vez relaciones con su esposo Tindáreo, pone dos
huevos de los cuáles nacen dos hijos del dios Zeus (Pólux y Helena) y dos del
rey Tindáreo (Cástor y Clitemnestra). Los hijos de Leda fueron protagonistas de
grandes mitos y leyendas. Castor y Pólux, los Dioscuros, fueron héroes famosos
y tiene su propia constelación, Géminis, que representa a estos gemelos.
Helena, la más hermosa mujer de la Tierra, fue la supuesta causa de la ruina de
Troya, y Clitemnestra que acabó víctima del matricidio más famoso de la cultura
occidental, el de Electra y Orestes. El tema de la maternidad es recurrente,
desde Leda hasta Clitemnestra y nos lleva a preguntarnos ¿a dónde nos lleva
elegir tener hijos? ¿a la dicha o a la tragedia?
Volviendo al tema de la película e independientemente del
sexo ¿nacemos con la capacidad, deseo, aptitud, etc. para ser padres? Recientemente
el Papa Francisco realizó estas declaraciones: "Muchas parejas no tienen
hijos porque no quieren o tienen solamente uno porque no quieren otros, pero
tienen dos perros, dos gatos… Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos.
Sí, hace reír, lo entiendo, pero es la realidad. Y este hecho de renegar de la
paternidad y la maternidad nos rebaja, nos quita humanidad". Para la
Iglesia entonces, nuestro sentido humano se subleva o se demerita en función de
a quién cuidamos, dónde ponemos nuestro amor o nuestra pasión.
Cuando uno dice de alguien “No nació para tener hijos”, si
se habla de un varón, la frase suena hasta como alivio. En el pensamiento se
queda la idea de que es mejor, que él siga con su vida, que la disfrute, que
haga con ella lo que quiera, antes de arruinarle la vida a un crío; en tanto
que, si la frase va dirigida a una mujer, se vuelve reclamo y estigma. No saber
ser madre pareciera que inutilizara a las mujeres, volviéndolas precisamente
como menciona la protagonista de la película: ANTINATURAL.
Entre las críticas ya se ha hablado mucho del tema central:
el cuestionamiento de la maternidad. En el caso de la protagonista, los
señalamientos desde la pareja, los conocidos, la familia y sobre todo, ella
misma. Pareciera que como mujeres, tener o atender otras prioridades que no
sean el cuidado y la entrega hacia los hijos, es objeto de repudio, tanto
social como personal.
Pero, conociendo la historia que nos narra ¿habría sido tan
abrumador, aterrador, etc. ser madre con una pareja que intelectual y
activamente colaborara y se comprometiera con la crianza?
Observo en la historia de Leda muchas carencias. Si bien en
la película no se hace mucho incapié del maltrato infantil del que la
protagonista es víctima de parte de su madre, en la novela hay pasajes que
demuestran no solo el impacto que deja en ella, sino la consecuencia en su
comportamiento:
“Yo también lloraba de felicidad, de alivio, pero al mismo
tiempo gritaba de rabia —igual que mi madre— por el peso aplastante de la
responsabilidad, por el vínculo que estrangula, y sacudía a mi primogénita con
el brazo libre, exclamaba: me las pagarás, Bianca, verás cuando lleguemos a
casa, no te alejes nunca más, nunca más.”
Cuando un niño es víctima de violencia física, emocional o
psicológica prevalece una profunda falta de valoración y autoestima, y un
cerebro en alerta permanente, acostumbrado al estrés. Es por ello que Leda no
sabe disfrutar unas vacaciones, una relación, la comida o el mar.
Por otra parte, si bien es siempre importante contar con una
pareja que nos equilibre, nos ame, nos cuide, nos retroalimente y entienda y
valore nuestras ambiciones e intereses, me parece que teniendo hijos estas capacidades
deben exponenciarse. Porque no dejamos de ser nosotros cuando parimos. En el
caso de Leda, pareciera que se queda sola. Por lo que se observa en algunas
escenas, no hay satisfacción ni intelectual, ni sexual… ni siquiera en lo
doméstico y por ende, la crianza de las hijas se le atribuye directamente a
ella, obligándola a retirarse de su vida profesional. Sus éxitos y sus
argumentos no importan cuando se cierra la puerta. Ella debe vestir, bañar y
jugar con las niñas mientras él sale a trabajar o socializar. Hay mujeres que
han estado viviendo esta misma situación en nuestra ciudad y en el mundo a raíz
de la pandemia ¿cuánta frustración se está acumulando? ¿cuántos niños están
viviendo infiernos de parte de quienes deberían de ser sus primeros cuidadores?
Si bien ser madre o padre, no es obligatorio para nadie, La
Hija Oscura muestra que, además, para lograrlo de manera sana deben reunirse
una serie de requisitos a los que como sociedad debemos voltear a ver y
atender. Desde las violencias en la infancia hasta las condiciones necesarias
para que todos podamos desarrollarnos profesional, intelectual y
productivamente.
Leda acumula culpas desde niña, que se fueron sumando al
pecado de ser brillante, de saber idiomas, de poder dilucidar sobre filosofía…
pero no sabe ser madre y eso lo opaca todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario