Porque es necesario, porque relaja, porque es bueno para la
salud, etc. camino todos los días. Un tramo lo hago del transporte público a mi
casa y luego más tarde, hago otro paseo después de la comida.
Debo decir que la primera caminata la padezco, bajo del
transporte sintiendo que traigo el COVID impregnado en el cuerpo y en la ropa y
de inmediato me baño en spray sanitizante, me embarro las manos de gel
antibacterial y me aseguro de que el cubre boca esté bien colocado. Luego
camino por unos minutos bajo el sol de las 3 de la tarde, entre gente y puestos
callejeros, cargada de mi bolso, la lonchera y la chamarra o el sweater que ya
no soporto encima. Así voy molesta e incómoda por todo lo que cargo, por lo que
sudo, por el maquillaje cayéndose, en fin. Lo sufro
Lo único que me agrada es ir escuchando artículos,
editoriales y columnas de opinión que previamente bajo y copio. Me entretiene
(que no relaja) ir aprendiendo conceptos e ideas y estar al tanto de lo que
pasa en política y seguridad en el país.
Pero debo admitir que el paseo que más disfruto es el que
hago después de la comida con mi perra y con mi hijo. Vamos al parque de la
colonia, que en ese horario está prácticamente solo y podemos quitarle la
correa.
Amo verla correr. Tan libre, tan larga, tan ágil. Arya, mi
perra, tiene apenas un año y meses. Es una cachorra aún y necesita todos los
días hacer estos paseos para desestresarse de vivir en un espacio pequeño.
Me encanta la forma en que se alarga y casi vuela por los
pequeños montículos y los segundos que tarda apenas en alcanzar el palo que mi
hijo le lanza para que se lo lleve de regreso.
Verlos es un respiro y no sé si es ahí, en ese momento,
cuando estas caminatas relajan, distraen y son buenas para la salud. Lo cierto
es que es un paisaje en movimiento. El con su cabello largo, su parsimonia y su
risa a carcajadas. Ella que corre, que lloriquea porque quiere que vayamos a su
zona favorita y que de la emoción orina tantas veces que llega a casa vacía.
Cuando los miro mientras yo sigo dando vueltas acumulando
pasos para llegar a los 10 mil, los envidio. Amo su juventud y su ligereza. Los
observo y siento algo de recelo por el amor que se tienen, por su confidencia y
por ese vínculo que crearon desde el primer día en que se vieron.
Leo en internet que entre los beneficios de las caminatas
están que eliminan el colesterol malo, reducen el riesgo cardiaco, previenen la
diabetes, el estrés y la depresión. Para mí, las caminatas me permiten
compartir con este par al que amo. Y si, seguramente me enfadaré menos con los
desastres de la cachorra tan solo de recordar, lo feliz que nos hace.
PD. Estos no serán siempre sobre #LaVidaConArya. Solo por
hoy.
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