A los autobuses, aquí, los llamamos “camiones” y razón no nos falta: esas carcachas estruendosas y humeantes tripuladas, encima, por trogloditas agresivos, están mucho más cerca del camión —el vehículo grande que se usa para transportar carga y animales— que del ómnibus donde viajan pasajeros civilizados
Román Revueltas Retes
En estos días de tanta protesta y reportajes respecto a las muertes a manos de conductores de transporte público en la ciudad pareciera que, como siempre, con nuevas leyes (que nadie conoce) y con nuevas sanciones (que nadie aplica) se resolverá el problema.
Ayer por la mañana me tocó escuchar la conversación de unos choferes de cierta ruta comentando que el tráfico en la ciudad se ha vuelto mucho mas lento, que si antes daban 10 vueltas, ahora apenas alcanzaban a cubrir 8, imposible alcanzar la cuota exigida por los patrones.
Si se pudiera entrar tantito en las conciencias de quienes mandan, hacerles entender las nuevas dinámicas de la ciudad, humanizarlos y sobre todo, responsabilizarlos del poder que tienen a cuestas, no nos evitaríamos las consultas, las protestas y sobre todo, las muertes?
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