miércoles, 24 de noviembre de 2010

CALIDAD EDUCATIVA PARA TODOS

Calidad educativa para todos

Un niño que nace en el seno de una familia pobre está condenado a las peores escuelas.

Leo Zuckermann

Los sistemas educativos exitosos, estudiados por la consultora McKinsey en un trabajo encargado por la OCDE, garantizan "que todos los niños, y no sólo algunos de ellos, tengan acceso a una excelente instrucción". Muy lejos estamos en México de esta situación. Ni siquiera las mejores escuelas ofrecen una educación de calidad. Y un niño que nace en el seno de una familia pobre está condenado a las peores escuelas que hay. La injusticia es incluso mayor cuando se nace indígena. Ahí la condena es más dura: a lo peor de lo peor de una educación que de por sí es mala en su conjunto.

Retomo el estudio Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos publicado en 2007. Ayer hablé de dos factores clave de éxito que tienen los sistemas exitosos: el reclutamiento de las personas más aptas de la sociedad para ejercer la docencia y el desarrollo de los maestros con el fin de convertirlos en instructores eficientes. Hoy analizo el tercer factor clave de éxito señalado por el estudio de McKinsey: "Garantizar que el sistema sea capaz de brindar la mejor instrucción posible a todos los niños". Las mejores escuelas son aquellas que fijan "expectativas claras y altas respecto de lo que cada alumno debe saber, comprender y ser capaz de hacer, y verifican que los recursos y el financiamiento estén dirigidos a aquellos estudiantes que más los necesiten, y no a la inversa".

En el tema de las expectativas, es decir de los contenidos que un alumno debe aprehender a su paso por la escuela, investigaciones citadas por McKinsey demuestran que hay que poner un "fuerte foco en aritmética y lengua durante los primeros años de escolaridad [...] la habilidad temprana en capacidades fundamentales está íntimamente relacionada con un amplio espectro de resultados futuros: por ejemplo, un importante estudio longitudinal en el Reino Unido determinó que los resultados de las pruebas de lengua y aritmética a los siete años resultaban determinantes para los logros obtenidos a los 37, aun después de realizar ajustes por nivel socioeconómico". El mensaje es claro: los primeros años educativos son vitales.

Para tener una educación exitosa es necesario el monitoreo constante de los resultados. "Es imposible mejorar algo que no se mide. Monitorear los resultados les permite identificar y difundir mejores prácticas, indicar con precisión las áreas más débiles y hacer que las escuelas respondan por sus resultados". McKinsey encontró que "en muchos de los sistemas con mejor desempeño, la responsabilidad por el monitoreo de los resultados ha sido separada de la responsabilidad por mejorar tales resultados". No se puede ser juez y parte. En palabras de una neozelandesa: "La gente responsable por la mejora de la educación no puede ser la misma que determine si las mejoras necesarias han sido efectivamente implementadas o no".

En México estamos acostumbrados a darles mayor atención y apoyos a los mejores alumnos. Se trata de una práctica equivocada de acuerdo al estudio de McKinsey. Los que necesitan más apoyo son los estudiantes que van retrasados. Véase lo que se hace en Finlandia, uno de los mejores sistemas educativos del mundo: "Todas las escuelas finlandesas cuentan con docentes especiales. En las escuelas que visitamos durante nuestra investigación, observamos que en promedio había un docente especial por cada siete maestros de clase. Los docentes especiales brindan apoyo uno a uno o en pequeños grupos a los estudiantes en riesgo de sufrir retrasos, y asisten a 30% de los alumnos de una escuela cada año. Estos docentes brindan apoyo principalmente en matemática y finlandés, y reciben un año extra de capacitación para su función".

Después de leer el estudio de McKinsey me quedo con la sensación de que México está muy lejos de las mejores prácticas educativas. Pero también me quedo con la idea de que un país sí puede mejorar su educación, si es que tiene la voluntad de hacerlo y no de andar buscando pretextos para justificar sus penurias

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