Hace mas de 20 años, de la biblioteca de mi padre tome el libro de Poniatowska: La noche de Tlatelolco. En aquel tiempo, creo que mi lectura mas desgarradora habia sido algun cuento de Edmundo de Amisis, lejano pero enternecedor.
En cambio, al comenzar a ller el libro de Elena, recuerdo que me encontre confundida, no sabía de que estaba hablando... alguna historia secreta de un México que yo no conocía? una historia de ficcion? que habia pasado en el 68? dónde? y porque nadie me habia contado absolutamente nada al respecto.
Mis compañeros, entonces de secundaria, ignoraban al igual que yo los hechos de esa época inclusive hasta algun maestro llegó a preguntarme que de dónde habia sacado ese libro y hasta me hizo la recomendación de no circularlo entre mis amigos.
Al terminarlo, quede estupefacta... impactada por la tremenda historia, conmovida por la ingenuidad de los testimonios, la inocencia de las voces que creían...
Obviamente tambien tuve un monton de sentimientos de impotencia y coraje, ganas de ver a Diaz Ordaz y escupirle la cara... hasta ingenuamente llegué a odiar a Talhia (si, la de Timbiriche) por haber declarado estar locamente enamorada del hijo de aquel tirano.
La cuestion es que entre todo el CUMULO impresionante de odio y rencor, de ponerme la camiseta de los chavos del 68, jure... prometi que nunca lo olvidaria y que nunca, pero nunca nunca, rendiria no solo respeto sino casi idolatria por aquellos lideres y victimas del movimiento, por natural, por limpio, por justo.
Despues entre a la facultad de Ciencias Políticas, y descubri que los seguidores del Che Guevara eran un montón de ignorantes instalados en su plan de radical para no entrar a clases, que eran hippies con pantalones levi´s y zapados cariiiisimos
Ademas, resulto que la muchos de los que en el 68 habian sido lideres del movimiento y lanzado consignas en contra del sistema, estaban inmersos, hasta el cuello, en el. Los menos, lideres de partidos politicos de izquierda, que igual, viven de las prerrogativas que estos reciben... o sea, la misma gata, pero revolcada.
Mas indignacion...
Pero ahora, a la distancia, luego de andar apostando el corazon y la voz por causas, perdidas y encontradas, me descubro indiferente, no solo al movimiento del 68, que hace mas de 20 años me parecia sagrado ("y limpiece usted la boca, si dice REVOLUCION") sino a tantas injusticias. Ya no se me estruja como antes el corazon adolescente ante las indescencias de un sistema al que pertenezco... y al que pertenecemos todos.
Cada quien ve por su milpa y el de al lado que se joda.
QUE VERGÜENZA! ahora la indignación es conmigo
Donde habrá quedado esa niña que estaba viva? en que trámite entregue una identificación y se fue mi identidad con ella?
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