· Para arreglarnos mejor… no cabe duda, las mujeres nos arreglamos para las mujeres y si ya por ahí cae un galán, pues ganancia, pero lo fundamental, es ser la linda del grupo… ninguna quiere ser la amiga fea, gorda y desaliñada. Simplemente con el hecho de que una sola te pregunte por algún accesorio, con esa miradilla envidiosa de “porque no la compre yo primero” se te hace la noche… o el día
· Para hablar mal de los hombres. CLARO! Que mas, importantísimo! Entramos como en una competencia de a ver quien tiene al peor novio o marido… lo siento señores, nuestras amigas los conocen mas de lo que ustedes creen… empieza una con aquello de, “pueden creer que fulanito nunca baja la tapa del baño?” y le sigue la otra “eso no es nada, perenganito deja los calzones…” en fin, que nos robamos el turno o la palabra con tal de dejar en mal a los pobres compañeros
· Para presumir a los hijos… el mío hablo a los 5 meses (cuando en realidad apenas emitió un sonido que todos nos empeñamos en recrear como vocablo); mi hijo a los 9 meses caminaba (ahí me ganaron todas!) y en fin, presumiendo desde el culito hasta el cabello rubiecito del nene que en realidad padece el gel, shampoo y loción de manzanilla por obsesión de la madre. Luego vienen “esas mañas que agarro de la familia de…” porque eso no pasa en mi casa, que esperanza, lo agarro de allá y volvemos a devorar a la pareja pero ahora con la familia completa.
· Para empoderarnos. Después de una larga charla con amigas, seguramente regresamos de alguna manera energetizadas, creídas de cuanta porra y ánimo recibimos. Eso de “no te dejes, tu eres muy chingona” y cosas así, van revistiéndonos el ego y el autoestima. En definitiva, siempre es bueno una dosis de amiguitis
· Para sentirnos queridas. Sabemos que el mundo nos quiere, porque somos muy lindas y cariñosas y todo, pero las mujeres no necesitamos de alcohol para desprendernos de nosotras mismas y entregarnos en abrazos y besos y “te quieros” y “te necesito” y “siempre seremos las mejores amigas” a nosotras se nos da mas facilito…. Y que bueno, porque siempre nos hacemos falta
· Para no demostrar que somos inteligentes. Todos los días, ante el mundo, sobre todo el laboral y en esta competencia invisible con la pareja, estamos gritándole al mundo que somos muy chingonas, para los cálculos, el análisis, la deducción, las cifras, las desiciones… etc. todo para darle la razón a la historia y de paso darle en la madre a aquel que dijo que somos seres de cabelleras largas e ideas cortas. La cosa es que, cuando estamos con nuestras amigas, damos por hecho que somos inteligentes (NO SE ADMITEN PENDEJAS EN EL GRUPO) así que ya no es necesario demostrar nada, salvo uno que otro comentario de “me felicitaron por mi proyecto…” y ya, felicidades y se acabo, nos conocemos, sabemos que somos competitivas, brillantes, innovadoras, eficientes y un millón de etcéteras, así que para que perder el tiempo?
· Para hacer planes y proyectos que nunca cumplimos pero que nos estimulan. Hay que irnos a la playa todas juntas… hay que poner tal negocio… hay que escribir un libro entre las dos… y esta ahí, como pretexto para llamarnos por teléfono o mandarnos correos recordándonos el compromiso que difícilmente se cumple, porque? Tal vez porque damos por hecho que eso lo haremos en un dos por tres y que ahí estaremos siempre para lograrlo
· Para darnos tips de ofertas y compras… de eso ni hablar, somos buenísimas, como si tuviéramos radar y a la vez, red de comunicaciones.
· Y básica, pero fundamentalmente, para saber que no estamos solas, que hay mas en el mundo que se preocupan igual por el peso y la talla y que darle de comer a los hijos, que tienen las mismas ganas de salir adelante, que viven esclavas del periodo menstrual, que tienen la lágrima facilita y que agradecemos a Dios, el habernos encontrado
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